lunes, 21 de mayo de 2018

MI JUSTIFICACIÓN



El juego debe estar incluido en los proyectos educativos no sólo porque los niños sientan la necesidad de jugar, sino como medio de diagnóstico y conocimiento profundo de sus conductas. El juego visto desde la teoría Piagetiana forma parte de la inteligencia del niño ya que representa la asimilación o reproducción de la realidad, en el cual se destacan tres estructuras básicas, el juego como simple ejercicio, el juego simbólico y el juego de reglas  ( Piaget, 2012). El juego facilita el desarrollo de los diferentes aspectos de la conducta del niño y la niña: de carácter, de habilidades sociales, de dominios motores y el desarrollo de las capacidades físicas; al tiempo que entrañan experiencias diversificadas e incluyen incertidumbre, facilitando la adaptación y como consecuencia la autonomía en todos los ámbitos de la conducta del niño y la niña. El  juego adquiere un gran valor educativo por las posibilidades de exploración del propio entorno y por las relaciones lógicas que se favorecen a través de las interacciones con los objetos, con el medio, con otras personas y consigo mismo. No hay que olvidar que el juego motor es uno de los principales mecanismos de relación e interacción con los demás y es en estas etapas, cuando comienza a definirse el comportamiento social de la persona donde es importante el carácter expresivo y comunicativo del cuerpo que facilita y enriquece la relación interpersonal, así como sus intereses y actitudes.



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